
Este film muestra cómo los pescadores de Japón atraen a unos 23.000 delfines salvajes hacia una caleta secreta donde son capturados para utilizarlos en zoológicos o como alimento. El filme fue dirigido por el antiguo fotógrafo de National Geographic Louie Psihoyos, y fue grabado secretamente durante 2007 empleando micrófonos submarinos y cámaras de alta definición camufladas como rocas. La película ha recibido un premio en el Festival de Sundance y ha sido nominada al Oscar al mejor documental 2009. Su exhibición ha sido censurada en Japón.
La carne de delfín, que suele contener elevados niveles de mercurio, se vende como alimento en Japón y en otras partes de Asia, a menudo etiquetada como carne de ballena. El objetivo de este documental es crear conciencia a nivel mundial de la masacre continua a la que la industria pesquera japonesa somete a los delfines.