Los nombres que damos a la comida
¿Afecta nuestro vocabulario a la forma en que nos acercamos a los alimentos? Exploremos cómo el lenguaje puede ayudar a salvar a los animales.Llamémoslo marketing, re-branding o paliativos de la culpa, pero actualmente parece que la gente quiere estar tan lejos como sea posible de la realidad sobre los alimentos que come.
Una serie de conceptos híbridos han sido creados para cambiar la forma en que conceptualizamos comer carne, desde ‘carne de pollo’ a ‘nuggets’, por ejemplo. Muchos nombres que encontramos en menús omnívoros ofrecen una fantasía muy alejada de la realidad y evitan la empatía o compasión. Incluso la mayoría de la gente parece desconectar y no relaciona que la carne que están pidiendo tiene su origen en un animal muerto.
En nuestro uso cotidiano del lenguaje escogemos palabras que suavizan nuestra incomodidad ante lo real y nos acostumbran ante lo que normalmente podría ser feo, sucio, violento o simplemente incómodo. Hablamos de ‘fuego amigo’ y de ‘daños colaterales’ para referirnos a las víctimas de la guerra. Los vertederos son ahora ‘estaciones de transferencia’ y los coches usados son ‘vehículos de ocasión’. Del mismo modo, se tiende a disimular lo que comemos con un lenguaje que oculta lo que realmente estamos llevando a nuestra boca. Los eufemismos utilizados para referirse a la carne, productos lácteos y huevos contribuyen a nuestra desconexión con el origen de estos productos: los propios animales. Por ejemplo, la palabra ‘filete’ o ‘chuleta’ se prefiere a ‘carne’ o a ‘animal’ y se usa lo mismo para referirse a los cerdos, a las vacas o a los ciervos. Cuando un animal yace muerto al lado de la carretera, lo identificamos claramente como un perro, un gato o un ciervo muerto atropellado, pero cuando el animal yace muerto en el plato, lo llamamos cena.
Muchas de las palabras que usamos para hacer referencia a partes del cuerpo de los animales son igual de inocuas, como tocino, costillas, filetes, hamburguesas, albóndigas, jamón, pepperoni, carne asada, carne picada, lomo ... No decimos "buenos cortes de cerdo" o "rebanadas finas de ternera". Como resultado de esta exitosa desensibilización, somos capaces de hacer referencia a partes específicas del cuerpo sin escrúpulos, como la pierna, pecho, costillas, alas, rabadilla, el lomo y los costados, pero con más remilgo a lengua, pies, cabezas, intestinos y estómago. Por supuesto, hay palabras provenientes de otros idiomas que hacen referencia a partes de animales y parecen hacerlas aún más comestibles: caviar, foie gras, paté …
Curiosamente, podemos pedir sin remordimiento "pollo", "pavo", "pato" y "gallina", pero la más mínima alteración hace que la gente se retuerza. Pregúntale a alguien si come "pollos", “ patos "," gansos " y será como si estuvieran reconociendo a los animales por primera vez. La gente no tiene problemas con la comida "pollo", pero cuando te refieres al animal en plural, saltan las alarmas.
El uso de eufemismos para referirse a las víctimas anónimas de nuestro apetito, no sólo desprecia el uso y mercantilización de los animales, sino que minimiza su sufrimiento, y legitima y oculta el uso y abuso institucionalizado de ellos y también nos desensibiliza a nuestra propia verdad, a nuestros valores y a la compasión. Este es el alto precio que pagamos por nuestros viejos hábitos y que pueden ser cambiados con muy poco esfuerzo.
Una de las alegrías de ser vegetariano es que no hay necesidad de buscar eufemismos, de mitigar, de fingir, o dar un toque romántico al vocabulario que empleo con mi comida. Puedo ver la verdad de lleno en mi cara y llamar a las zanahorias, zanahorias.
El artículo es una traducción (libre) autorizada por VegNews Magazine. Puedes encontrar el original aquí.
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